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My language studies over the years have seen me spend some time trying to learn Latin, New Testament Greek, Spanish, and even French for reading. But let me assure you, I am not even semi-competent in any of these languages. That’s why I hesitate to make the following comment; I should leave language translations to the experts. I can’t help but think the translators of today’s Gospel account from Luke got it wrong!

Primera Lectura Neh 8, 2-4a. 5-6. 8-10

En aquellos días, Esdras, el sacerdote, trajo el libro de la ley ante la asamblea, formada por los hombres, las mujeres y todos los que tenían uso de razón.

Era el día primero del mes séptimo, y Esdras leyó desde el amanecer hasta el mediodía, en la plaza que está frente a la puerta del Agua, en presencia de los hombres, las mujeres y todos los que tenían uso de razón. Todo el pueblo estaba atento a la lectura del libro de la ley. Esdras estaba de pie sobre un estrado de madera, levantado para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista del pueblo, pues estaba en un sitio más alto que todos, y cuando lo abrió, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo entonces al Señor, el gran Dios, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: “¡Amén!”, e inclinándose, se postraron rostro en tierra. Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicaban el sentido, de suerte que el pueblo comprendía la lectura.

Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que instruían a la gente, dijeron a todo el pueblo: “Éste es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. No estén ustedes tristes ni lloren (porque todos lloraban al escuchar las palabras de la ley). Vayan a comer espléndidamente, tomen bebidas dulces y manden algo a los que nada tienen, pues hoy es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. No estén tristes, porque celebrar al Señor es nuestra fuerza”.

 

Salmo Responsorial Salmo 18, 8. 9. 10. 15

R. (Jn 6, 63c) Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
La ley del Señor es perfecta del todo
y reconforta el alma;
inmutables son las palabras del Señor
y hacen sabio al sencillo
. R.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
En los mandamientos del Señor hay rectitud
y alegría para el corazón;
son luz los preceptos del Señor
para alumbrar el camino
. R.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
La voluntad de Dios es santa
y para siempre estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos

y eternamente justos
. R.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Que sean gratas las palabras de mi boca,
y los anhelos de mi corazón.
Haz, Señor, que siempre te busque,
pues eres mi refugio y salvación
. R.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

 

Segunda Lectura 1 Cor 12:12-30

Hermanos: Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu.

El cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos. Si el pie dijera: “No soy mano, entonces no formo parte del cuerpo”, ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Y si el oído dijera: “Puesto que no soy ojo, no soy del cuerpo”, ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿con qué oiríamos? Y si todo el cuerpo fuera oído, ¿con qué oleríamos? Ahora bien, Dios ha puesto los miembros del cuerpo cada uno en su lugar, según lo quiso. Si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

Cierto que los miembros son muchos, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decirle a la mano: “No te necesito”; ni la cabeza, a los pies: “Ustedes no me hacen falta”. Por el contrario, los miembros que parecen más débiles son los más necesarios. Y a los más íntimos los tratamos con mayor decoro, porque los demás no lo necesitan. Así formó Dios el cuerpo, dando más honor a los miembros que carecían de él, para que no haya división en el cuerpo y para que cada miembro se preocupe de los demás. Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; y cuando recibe honores, todos se alegran con él.

Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro de él. En la Iglesia, Dios ha puesto en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en tercer lugar, a los maestros; luego, a los que hacen milagros, a los que tienen el don de curar a los enfermos, a los que ayudan, a los que administran, a los que tienen el don de lenguas y el de interpretarlas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos el don de curar? ¿Tienen todos el don de lenguas y todos las interpretan?


O bien:

1 Cor 12, 12-14. 27

Hermanos: Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu. Ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro de él.


 

Aclamación antes del Evangelio Lc 4, 18

R. Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado
para anunciar a los pobres la buena nueva
y proclamar la liberación a los cautivos.
R. Aleluya.

Evangelio Lc 1, 1-4; 4, 14-21

Muchos han tratado de escribir la historia de las cosas que pasaron entre nosotros, tal y como nos las trasmitieron los que las vieron desde el principio y que ayudaron en la predicación. Yo también, ilustre Teófilo, después de haberme informado minuciosamente de todo, desde sus principios, pensé escribírtelo por orden, para que veas la verdad de lo que se te ha enseñado.

(Después de que Jesús fue tentado por el demonio en el desierto), impulsado por el Espíritu, volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región. Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

 

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Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

Reading I 1 Sm 17:32-33, 37, 40-51

David spoke to Saul:
“Let your majesty not lose courage.
I am at your service to go and fight this Philistine.”
But Saul answered David,
“You cannot go up against this Philistine and fight with him,
for you are only a youth, while he has been a warrior from his youth.”

David continued:
“The LORD, who delivered me from the claws of the lion and the bear,
will also keep me safe from the clutches of this Philistine.”
Saul answered David, “Go! the LORD will be with you.”

Then, staff in hand, David selected five smooth stones from the wadi
and put them in the pocket of his shepherd’s bag.
With his sling also ready to hand, he approached the Philistine.

With his shield bearer marching before him,
the Philistine also advanced closer and closer to David.
When he had sized David up,
and seen that he was youthful, and ruddy, and handsome in appearance,
the Philistine held David in contempt.
The Philistine said to David,
“Am I a dog that you come against me with a staff?”
Then the Philistine cursed David by his gods
and said to him, “Come here to me,
and I will leave your flesh for the birds of the air
and the beasts of the field.”
David answered him:
“You come against me with sword and spear and scimitar,
but I come against you in the name of the LORD of hosts,
the God of the armies of Israel that you have insulted.
Today the LORD shall deliver you into my hand;
I will strike you down and cut off your head.
This very day I will leave your corpse
and the corpses of the Philistine army for the birds of the air
and the beasts of the field;
thus the whole land shall learn that Israel has a God.
All this multitude, too,
shall learn that it is not by sword or spear that the Lord saves.
For the battle is the LORD’s and he shall deliver you into our hands.”

The Philistine then moved to meet David at close quarters,
while David ran quickly toward the battle line 
in the direction of the Philistine.
David put his hand into the bag and took out a stone,
hurled it with the sling,
and struck the Philistine on the forehead.
The stone embedded itself in his brow,
and he fell prostrate on the ground.
Thus David overcame the Philistine with sling and stone;
he struck the Philistine mortally, and did it without a sword.
Then David ran and stood over him;
with the Philistine’s own sword which he drew from its sheath
he dispatched him and cut off his head.

Responsorial Psalm 144:1b, 2, 9-10

R.        (1)  Blessed be the Lord, my Rock!
Blessed be the LORD, my rock,
            who trains my hands for battle, my fingers for war.
R.        Blessed be the Lord, my Rock!
My refuge and my fortress,
            my stronghold, my deliverer,
My shield, in whom I trust,
            who subdues my people under me.
R.        Blessed be the Lord, my Rock!
O God, I will sing a new song to you;
            with a ten-stringed lyre I will chant your praise,
You who give victory to kings,
            and deliver David, your servant from the evil sword.
R.        Blessed be the Lord, my Rock!

Alleluia See Mt 4:23

R. Alleluia, alleluia.
Jesus preached the Gospel of the Kingdom
and cured every disease among the people.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Mk 3:1-6

Jesus entered the synagogue.
There was a man there who had a withered hand.
They watched Jesus closely
to see if he would cure him on the sabbath
so that they might accuse him.
He said to the man with the withered hand,
“Come up here before us.”
Then he said to the Pharisees,
“Is it lawful to do good on the sabbath rather than to do evil,
to save life rather than to destroy it?”
But they remained silent.
Looking around at them with anger
and grieved at their hardness of heart,
Jesus said to the man, “Stretch out your hand.”
He stretched it out and his hand was restored.
The Pharisees went out and immediately took counsel
with the Herodians against him to put him to death.

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Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

Reading I Is 62:1-5

For Zion’s sake I will not be silent,
   for Jerusalem’s sake I will not be quiet,
until her vindication shines forth like the dawn
   and her victory like a burning torch.

Nations shall behold your vindication,
   and all the kings your glory;
you shall be called by a new name
   pronounced by the mouth of the LORD.
You shall be a glorious crown in the hand of the LORD,
   a royal diadem held by your God.
No more shall people call you “Forsaken, “
   or your land “Desolate, “
but you shall be called “My Delight, “
   and your land “Espoused.”
For the LORD delights in you
   and makes your land his spouse.
As a young man marries a virgin,
   your Builder shall marry you;
and as a bridegroom rejoices in his bride
   so shall your God rejoice in you.

Responsorial Psalm Ps 96:1-2, 2-3, 7-8, 9-10

R. (3) Proclaim his marvelous deeds to all the nations.
Sing to the LORD a new song;
            sing to the LORD, all you lands.
Sing to the LORD; bless his name.
R. Proclaim his marvelous deeds to all the nations.
Announce his salvation, day after day.
Tell his glory among the nations;
            among all peoples, his wondrous deeds.
R. Proclaim his marvelous deeds to all the nations.
Give to the LORD, you families of nations,
            give to the LORD glory and praise;
            give to the LORD the glory due his name! 
R. Proclaim his marvelous deeds to all the nations.
Worship the LORD in holy attire.
            Tremble before him, all the earth;
Say among the nations: The LORD is king.
            He governs the peoples with equity.
R. Proclaim his marvelous deeds to all the nations.

Reading II 1 Cor 12:4-11

Brothers and sisters:
There are different kinds of spiritual gifts but the same Spirit; 
there are different forms of service but the same Lord;
there are different workings but the same God
who produces all of them in everyone.
To each individual the manifestation of the Spirit
is given for some benefit.
To one is given through the Spirit the expression of wisdom;
to another, the expression of knowledge according to the
same Spirit;
to another, faith by the same Spirit;
to another, gifts of healing by the one Spirit;
to another, mighty deeds;
to another, prophecy;
to another, discernment of spirits;
to another, varieties of tongues;
to another, interpretation of tongues.
But one and the same Spirit produces all of these,
distributing them individually to each person as he wishes.

Alleluia Cf. 2 Thes 2:14

R. Alleluia, alleluia.
God has called us through the Gospel
to possess the glory of our Lord Jesus Christ.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel Jn 2:1-11

There was a wedding at Cana in Galilee,
and the mother of Jesus was there.
Jesus and his disciples were also invited to the wedding.
When the wine ran short,
the mother of Jesus said to him,
“They have no wine.”
And Jesus said to her,
“Woman, how does your concern affect me?
My hour has not yet come.”
His mother said to the servers,
“Do whatever he tells you.”
Now there were six stone water jars there for Jewish ceremonial washings,
each holding twenty to thirty gallons.
Jesus told them,
“Fill the jars with water.”
So they filled them to the brim.
Then he told them,
“Draw some out now and take it to the headwaiter.”
So they took it. 
And when the headwaiter tasted the water that had become wine,
without knowing where it came from
— although the servers who had drawn the water knew —,
the headwaiter called the bridegroom and said to him,
“Everyone serves good wine first,
and then when people have drunk freely, an inferior one;
but you have kept the good wine until now.”
Jesus did this as the beginning of his signs at Cana in Galilee
and so revealed his glory,
and his disciples began to believe in him.

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Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.

Primera Lectura 1 Sm 8, 4-7. 10-22

En aquellos días se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Ramá a ver a Samuel y le dijeron: “Mira, tú ya eres viejo y tus hijos no siguen tus ejemplos. Danos, pues, un rey para que nos gobierne, como sucede en todos los pueblos”.

A Samuel le disgustó que le hubieran pedido un rey que los gobernara. Entonces Samuel invocó al Señor y éste le respondió: “Dale al pueblo lo que te pide, pues no es a ti a quien rechazan, sino a mí, porque no me quieren por rey”.

Samuel comunicó al pueblo, que le había pedido un rey, las palabras del Señor y dijo: “Vean cómo los tratará el rey que reine sobre ustedes: tomará a sus hijos y los hará servir en los carros y en la caballería de él y los hará correr delante de su propio carro; a algunos de ellos los pondrá al frente de mil soldados y a otros, de cincuenta; a otros los obligará a labrar y cosechar sus tierras; a otros los hará fabricar armas para la guerra y aparejos para sus carros. Tomará también a las hijas de ustedes como perfumistas, cocineras y reposteras. Les quitará a ustedes sus mejores campos, viñas y olivares, y se los dará a sus ministros. Exigirá el diezmo de lo que produzcan los sembrados y viñas de ustedes y se lo dará a sus ministros y a sus criados. Tomará a los criados y criadas de ustedes, sus mejores bueyes y asnos y los empleará en los trabajos de él. Les exigirá el diezmo de sus rebaños y ustedes mismos se convertirán en sus esclavos. Aquel día clamarán al Señor contra el rey que ustedes mismos elijan, pero el Señor no les responderá”.

El pueblo, sin embargo, se negó a escuchar las advertencias de Samuel y gritó: “No importa. Queremos tener un rey y ser también nosotros como las demás naciones. Nuestro rey nos gobernará y saldrá al frente de nosotros en nuestros combates”. Samuel oyó las palabras del pueblo y se las repitió al Señor, y el Señor le dijo: “Hazles caso y que los gobierne un rey”.

Salmo Responsorial Salmo 88, 16-17. 18-19

R. (cf. 2a) Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Señor, feliz el pueblo que te alaba
y que a tu luz camina,
que en tu nombre se alegra a todas horas
y al que llena de orgullo tu justicia. R.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Feliz, porque eres tú su honor y fuerza
y exalta tu favor nuestro poder.
Feliz, porque el Señor es nuestro escudo
y el Santo de Israel nuestro rey. R.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

Aclamación antes del Evangelio Lc 7, 16

R. Aleluya, aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros.
Dios ha visitado a su pueblo.
R. Aleluya.

Evangelio Mc 2, 1-12

Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.

Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: “¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?”

Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: “¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’ o decirle: ‘Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados –le dijo al paralítico–: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa”.

El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: “¡Nunca habíamos visto cosa igual!”

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Lectionary for Mass for Use in the Dioceses of the United States, second typical edition, Copyright © 2001, 1998, 1997, 1986, 1970 Confraternity of Christian Doctrine; Psalm refrain © 1968, 1981, 1997, International Committee on English in the Liturgy, Inc. All rights reserved. Neither this work nor any part of it may be reproduced, distributed, performed or displayed in any medium, including electronic or digital, without permission in writing from the copyright owner.